No me queda
más remedio que andar
con el dolor a cuestas
y mi soledad…
Hasta que llegue la hora
de irse a cabalgar
con las olas del Mar
en la inmensidad,
como una gaviota
que se hecha a volar
hacia el más allá.
Me cuesta tanto respirar
este aire envenenado
de arena y sal.
La próxima vez que vengan
las altas olas,
me iré del brazo
con Alfonsina a navegar,
sin equipaje, sin lágrimas,
sin despertar.
Me están llamando las caracolas
en la oscuridad.
Vámonos a cabalgar
con los vientos que ya se van.
Ya viene la blanca aurora
con la libertad,
lo presienten mis largos insomnios
en soledad
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